Como ocurre con cualquier objeto de acero inoxidable que tenga en casa, mantenerlo reluciente puede resultar una ardua tarea. Una limpieza adecuada no sólo hace que el objeto parezca nuevo, además protege el metal. Con un porcentaje de cromo entre el 12 y el 30%, una película pasiva invisible cubre la superficie del acero actuando como un escudo frente a la corrosión. Mientras esta película se mantenga intacta; no se rompa o se contamine, el metal se mantendrá pasivo e inoxidable. Quizás le sorprenda saber que el uso de utensilios abrasivos tales como los rascadores, estropajos metalizados y cepillos de alambre o los cloruros invade las películas protectoras y favorece la aparición de corrosión. Todos sabemos lo que viene después: el óxido.
Para conservar todo el brillo del acero inoxidable y evitar la aparición de óxido, utilice un paño suave o un estropajo de plástico y evite el uso de cloruros. Otro de los culpables podría ser el agua de la red, que en ocasiones puede contener una alta proporción de cloruros. Por tanto, es más que recomendable que seque bien los equipos inmediatamente después de lavarlos y deje que el aire fresco haga el resto.
La información que incluye este artículo se ha obtenido de un folleto distribuido por la NAFEM (North American Association of Food Equipment Manufacturers). Estos folletos sobre el cuidado y la limpieza de las piezas de acero inoxidable están a su disposición contactando con la NAFEM en la dirección 401 N. Michigan Avenue, Chicago, IL 60611-4267 o llamando al 312.644.6610.
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